La evolución del récord del mundo de salto de altura
- Carolo López-Quesada

- 20 jul 2025
- 2 Min. de lectura
El primer récord que consta en los anales de la FEI actualmente es el establecido por Federico Caprilli en 1.902 en Turín. Montando al caballo Meloppo, el padre de la equitación moderna, saltó por encima de 2,08 metros. Dos años más tarde, en 1.904, en la ciudad de San Sebastián, el jinete francés Georges Crousse con Conspirateur elevaba de una manera considerable el listón, pasando por encima de un salto de 2,23 metros.
Dos años mas tarde, en 1.906, esta vez en París, este mismo binomio llevó el límite de su salto hasta una altura de 2,35 metros, dejando ya un complicado registro.
Hay que esperar hasta 1.912, para que en Vittel (Francia), dos jinetes diferentes batieran el récord anterior en un centímetro, dejándolo en 2,36 metros. Los jinetes fueron ambos franceses: Rene Ricard (Montjolie III) y François de Juge Montespieu (Biskra).

En París 1.933, se vuelve a elevar el registro absoluto, dejándolo en 2,38 metros; el jinete francés Christian de Castries con Vol au Vent, fue el artífice de esta gesta.
En 1.938 en Roma, el jinete italiano Antonio Gutiérrez con Osoppo, saltó por encima de 2,44 metros, produciéndose un monumental festejo en la capital romana.
Ya en 1.949, en Viña del Mar (Chile), Alberto Larraguibel con Huaso, establecieron el actual récord del mundo de salto de altura. Su absolutamente indescriptible salto (ver vídeo en toutube), parece que durante bastantes años más vas a estar en la cima del pedestal .
Alberto Larraguibel describió así su hazaña: “ En el primer intento calculé mal la distancia y le permití rehusar. Si lo hubiera huasqueado, el caballo se habría puesto nervioso, porque un animal se da cuenta de cuando se le está pidiendo algo superior a sus fuerzas. En el segundo intentó debía haberme equivocado en algunos centímetros, puesto que el caballo pasó las manos pero rozó con el vientre …..y botó la barra. En el tercer intento, tuve una sensación estelar; el momento mas complicado fue en la cúspide del salto. Mis ojos estaban a 4 metros de altura y tenía la sensación de caer en picada. La más leve vacilación en mí, Huaso la hubiese sentido y hubiésemos tocado con las patas de atrás, pero…pasamos. Fue un momento eterno. No escuché un solo grito y pensé que algo había salido mal, aunque no escuché a la barra caer al suelo. Pero ahí surgió el estruendo de la ovación “.
Carolo López-Quesada



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