Jinetes que no usaron la razón, volaron como "idiotas" y nos hicieron volar a todos
- Carolo López-Quesada

- hace 4 horas
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Los que tengan una cierta edad seguro que recordarán esta gran canción de Alberto Cortez, “Castillos en el Aire”, un excelente cantante y poeta de las letras nacido en Argentina.
Decía la canción:
Quiso volar igual que las gaviotas
Libre en el aire, por el aire libre
Y los demás dijeron: ¡Pobre idiota!
¡No sabe que volar es imposible!
Mas extendió las alas hacia el cielo
Y poco a poco, fue ganando altura
Y los demás, quedaron en el suelo
Guardando la cordura
Y construyó, castillos en aire
A pleno sol, con nubes de algodón
En un lugar, adonde nunca nadie
Pudo llegar usando la razón…
Ha habido a lo largo de la historia, y sigue habiendo, importantísimos jinetes en nuestro deporte que han llegado a “lugares fabulosos adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón”.

Nelson Pessoa ganó un Derby de Hickstead con Vivaldi “monitorizado” de su corazón tras haber sufrido anteriormente un infarto de miocardio; Thomas Frühamnn galopaba con The Sixth Sense por todos los desempates del mundo a mil por hora, con medicación para el corazón que tenía un tanto cansado; Nick Sketon ganó el oro olímpico de 2.016 con Big Star con un caballo que había estado mucho tiempo de vacaciones, y que con poquísima competición se presentó en Río de Janeiro para doblar el pulso a la historia; John Whitaker sigue corriendo con solvencia máxima Grandes Premios de cinco estrellas con Unick du Francport, con una edad que no suele ser la normal para montar a caballo en grandes pruebas; Michel Robert desafía a la propia elegancia, siendo a sus años más elegante montando a caballo que la mayoría de jinetes del mundo…
Jinetes que algunos dijeron, “pobre idiotas”, “no sabe que volar es imposible”, pero “ellos fueron ganando altura y los demás quedaron en el suelo guardando la cordura”…
Jinetes que han viajado a lugares donde la razón no les dejaba llegar, pero que en sus particulares “castillos en el aire” volaron y nos hicieron volar a todos…
Carolo López-Quesada



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